El precio es lo que se paga, el valor es lo que se obtiene — I

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El título de este post es una trivialidad, y sin embargo no hay muchos artistas que tengan verdaderamente clara esta ecuación. Resumiento mucho, el mercado funciona así: se cambia valor por dinero en proporción variable. Las personas generan valor con su trabajo, y por ello obtienen créditos que podrán cambiar a su vez por el valor que ofrecen otras personas.


Es una verdad de perogrullo, y sin embargo me veo obligado a insistir: lo que deseas es cambiar valor por dinero. Obtener dinero es el resultado, no el meollo. Lo primero que debes preguntarte si planeas vender tu pintura, es lo siguiente:


— ¿A quienes favoreces con tu aportación de valor?
— ¿Cómo les favoreces?
— ¿Cuánto dinero pides a cambio, y por qué?


Las respuestas no son fáciles, me consta, y la tercera pregunta es especialmente parda. Muy pocos artistas se detienen a reflexionar qué tipo de relación tiene —o desea establecer— con sus coleccionistas. Esto se debe a que no existe un planteamiento racionalista en su deseo de hacer negocios en el mercado del arte. Sencillamente desea vender y delega toda competencia y responsabilidad a la buena estrella, es decir, a una inacción que declina en un solemne silencio. Y una ausencia es peor que un rechazo.

¿Por qué no proyectamos nuestro deseo de vender?
Quizá porque nos disgusta hablar de dinero, porque nos parece de mal gusto y de persona sin corazón ¡Y con razón, siendo el artista un ser luminoso y puro! Indudablemente es un tema tabú entre artistas y resulta grotesco y a la par cómico ver cómo esquivan el asunto, como si se les amenazara con corromper su entereza artística. El talento no está tutelado por ninguna extraña fuerza negativa que provenga de su potencial mercantilización, seamos adultos.

Ah, el talento, aquel sobreprotegido retoño que emana inseguridad por todos los poros...

Pero no todo va a ser pompa y pudonor, ciertamente habrá que financiar todo este tinglado de algún modo y ser analfabeto en finanzas no nos ayudará. Para hablar de remuneración se requiere en primer orden comprender qué es el dinero, y cómo se comporta el mercado del arte. No se requiere demasiado tiempo para conocer lo más elemental y con ello tu talento no se verá afectado negativamente, te lo prometo. De hecho, agradecerá sobremanera el mecenazgo.

Es cierto que la mayoría de nosotros no hemos recibido ninguna educación financiera en el colegio; de hecho, a mi nadie me enseñó jamás lo que es el dinero. Pero creo que es algo suficientemente importante en nuestras vidas como para inspirarnos una pizca de curiosidad, y es inconcebible que no nos molestemos en documentarnos ni un poco. Ya somos mayorcitos y afortunadamente disponemos de Google, así que no hay excusas para empezar a conocer el terreno. No hay que temer al conocimiento.

Paradójicamente los artistas que más necesitan cambiar de mentalidad son precisamente aquellos que son más reacios al cambio. Esto se debe a que piensan que ser flexibles les conducirá a una fatalidad personal que extinguirá su autenticidad. Quizá piensan que cambiar, lejos de ser una iniciativa inteligente, es un síntoma de debilidad, y a su vez se sienten incómodos cuando en el fondo de su corazoncito saben que esa misma cerrazón les aleja de todo aquello que realmente desean para sí mismos. Hay artistas que se sienten importantes por ser unos inadaptados, y creen erróneamente que su talento proviene de dicha resistencia.

¿Tan frágil es tu talento que puede echarse a perder con una simple remuneración? Pues vaya mierda de talento.

Los problemas económicos de los artistas no están causados por la escasez de dinero, sino por sus prejuicios acerca de éste. Lo que determina la prosperidad es cierta mentalidad de adaptación en combinación con una «cultura del esfuerzo», en contraposición a una «cultura del merecimiento». En mi opinión uno de los grandes obstáculos es la actitud complaciente de vivir por inercia en la comodidad y la inacción, además de la práctica de malos hábitos financieros, como los siguientes:

— Demonización del dinero
— Buscar la gratificación económica inmediata. No planificar estrategias a medio y largo plazo
— Depender de una única fuente de ingresos sobre la que no se tiene ningún control
— No invertir en formación. No diversificar la formación
— Tecnofobia y/o aversión a la socialización

La verdad es que cada uno de estos puntos da para hablar largo y tendido. Y eso es lo que vamos a hacer en este blog: hablar de ello en un ejercicio de autocrítica.


[Continuará]