El sueño de la razón produce bohemios

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bohemio, mia.
(Del lat. Bohemĭus).
→ Se dice de la vida que se aparta de las normas y convenciones sociales, principalmente la atribuida a los artistas.
→ Dicho de una persona: Que lleva este tipo de vida.
→ Mundo de la gente que hace vida bohemia.

Un bohemio, según estas acepciones del DRAE, es aquel que tiene una vida desordenada y unos valores sociales alejados del resto de la gente, no gusta de las convenciones sociales y es crítico con ellas. Hubo momentos y lugares más pertinentes que el actual para profesionalizar la alienación; hablo de tiempos de censura y dictadura. Sé que muchos pensáis que ahora también se practica censura, pero no es comparable a la ejercida en occidente cuando se censuraba de verdad. Hoy un artista puede hacer lo que le plazca, y si alguien se atreve a censurarle, será beneficiario de una publicidad impagable. Exceptuando China y Corea del Norte, por supuesto.

Actualmente la vida bohemia está emancipada de sus orígenes. Es una actitud pasiva, narcisista y decididamente infantil. Los artistas que se refugian en una imagen bohemia intentan dignificar su desordenada vida con un perfume romántico, un aire de autenticidad que evoque el glamour y distinción (si cabe) de lo que antaño fue ser inadaptado (supuestamente). Sospecho que a los auténticos bohemios parisinos les parecería ridículamente cómico ver cómo ahora unos monigotes se apropian del reflejo de su legado.


La verdad es que, a pesar de todo, comprendo muy bien a los artistas que optan por una vida bohemia, muchos de nosotros lo hemos hecho en algún momento. Es cool. Es una experiencia ineguamente novelesca, tintada de romanticismo, ensoñación, idealismo indocumentado y muy pocas ganas de trabajar. Cuando tienes la cabeza llena de pájaros y los bolsillos llenos de telarañas, por un instante piensas que formas parte de un buen guión. No me cabe duda que hay que disfrutar de esa ilusión cuando se presenta. Sin embargo, no se puede vivir en el letargo y la vagancia ad æternum, y en algún momento debemos asumir que la inspiración y la excelencia no están ligados precisamente a una vida disoluta, sino al trabajo y la disciplina. Esta aceptación es sinónimo de madurez, y es bueno para nosotros y para todas aquellas personas cercanas que sufren condescendientemente nuestras mamarrachadas artísticas.

La bohemia es una pubertad, hay que sufrirla en su debido momento. La pubertad es una crisis fisiológica y emocional que nos reubica como personas en el mundo, y como toda etapa transitoria debe dejarse atrás.

«MÁXIMA DE MATCH: Un tonto en una posición elevada es como un hombre en la cima de una montaña. Al segundo, todo le parece pequeño y él le parece pequeño todo el mundo»

La bohemia actualmente es una búsqueda de autenticidad low-cost que opta por comodidad evitar el ejercicio de la razón. Las ansias de autenticidad a corto plazo apremian una apropiación de su imagen especular, desembarazándose de todas las vivencias que la moldean genuinamente. Pero la verdadera autenticidad no necesita una forma de presentación, pues es un valor en sí misma. Tomad nota también vosotros, hipsters, versión pretendidamente clasista de bohemio.

Toca madurar en algún momento, y ese cubo de agua helada que es el mundo real nunca es bienvenido. Nos resistimos a aceptar que los artistas que logran la excelencia la consiguen trabajando muchísimo durante años. Nos resistimos a tolerar que no somos especiales a menos que trabajemos mucho. Nos resistimos a aplaudir esa patraña de que el trabajo duro es el meollo de todas las cosas. Resumiendo: nos molesta escuchar que no somos exquisitos de nacimiento.

¿Y la insipración, las experiencias místicas y todo eso? ¿Es que "lo verdaderamente importante" no cuenta?
—Pues no, mi querido bohemio refractario de alma púber. Eso son mitos, y la verdad es que para obtener resultados extraordinarios debemos trabajar extraordinariamente. No existe otra vía, de verdad. La vagancia y la absenta acabará con tu hígado y probablemente con tu materia gris, y nunca verás un buen resultado hasta que te pongas a trabajar con verdadero entusiasmo por lo que haces.


«El gran enemigo de la verdad no es la mentira: deliberada, manipuladora y deshonesta, sino el mito: persistente, persuasivo e irrealista. Sometemos los hechos a un filtro prefabricado de interpretación. Disfrutamos del confort de las opiniones de otros y no nos tomamos la molestia del pensamiento propio» —J.F. Kennedy

Aceptar el reto de poner los pies en el suelo y sentirte una persona capaz en el mundo real, eso sí es droga dura.