El arte de la especulación: cuando lo que importa es el dinero

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«En ciertos momentos un gran número de idiotas tienen una enorme cantidad de dinero idiota» — Walter Bagehot, economista (1859)


A lomos de caballos: lo importante es la colección

Los verdaderos amantes del arte son personas dedicadas a su colección, y adquieren arte por sus cualidades intrínsecas. Quienes coleccionan obras de mucho valor —que no necesariamente mucho precio— no suelen desprenderse de ellas. Aunque conocen bien lo que significa invertir en arte, es improbable que vendan su amado patrimonio y no existe otro propósito que su posesión: son objetos sagrados que enriquecen sus vidas, y la finalidad de la colección no es ser revendida, sino mantenida.

Esto supone un callejón sin salida para las obras de alto valor, pues no se puede especular con fluidez cuando apenas existe mercado secundario. Este tipo de obras están sometidas a un escalado de precios únicamente en base a demanda, concluyendo en que el valor real de una obra artística es un freno para la especulación porque dificulta la fluidez de la compraventa.

Entonces, el arte más susceptible de ser convertido en una mera excusa para la especulación es la obra sin demasiado valor. Has leído bien: cuanto menos valor tenga una obra, tanto mejor para el mercado especulativo.

Supongo que empezarás a no entender nada. Es normal, las personas cuerdas suelen interpretar esto como una incongruencia debido a que no son capaces de concebir algo tan retorcido. Sin embargo la crisis de los tulipanes holandeses puede darnos una bonita lección de precedentes históricos, pues esto ya ocurrió en el siglo XVII.



A lomos de unicornios: lo importante es el dinero

¿Dónde deposita una persona rica su dinero? Lo invierte en activos que idealmente generen más beneficios.

¿Qué activos permiten muchos beneficios a corto plazo? Hay muchos: casas, tulipanes, empresas punto com, animales con pedigree, compraventa de arte, etc. Todos producen una burbuja en algún momento debido a que el incremento de precio no está correlacionado con un incremento de valor.

¿Por qué el arte es un buen vehículo para la especulación? Porque el arte no posee propiedades empíricamente cuantificables. No se paga por el valor material ni por el tiempo de ejecución, sino por lo que se predica del objeto, su personalidad. Al invertir en un valor intangible, el precio se libera de cualquier acotación que pueda coartar una escalada de precios exponencial en el ejercicio de la compraventa.

¿Cuál es el tipo de arte más susceptible de participar en el mercado especulativo? El arte más indicado es el de la impostura.

Existen no pocos coleccionistas a los que el arte solo les importa como inversión de riesgo. Compran grandes cantidades de obras de artistas emergentes para que, según sus cálculos, únicamente esperando y apelando a la suerte, su precio aumente exponencialmente. A eso lo llamaremos en adelante especulación, no coleccionismo.

Las personas que no saben demasiado de arte que se dedican a inventar dinero vendiendo bienes raíces exóticos se frotan las manos al ver el enorme potencial del mercado artístico. Cada vez más personas analfabetas en arte y expertas en negocios están engordando esta burbuja. Muchos son los mal llamados "artistas" que ejercen la impostura blindados en un aura de literatura que justifica su impericia y aplaude la vacuidad de su producción concebida para el mercado secundario. ¡Qué demonios! ¿Quién necesita arte de verdad cuando se pueden ganar montañas de dinero vendiendo mierda enlatada? Si lo que realmente importa es el dinero, no vale la pena esforzarse demasiado en ser genial cuando la ocurrencia se cotiza mejor.




Un buen especulador piensa a lo grande: algo con mucho valor es demasiado deseable para desprenderse de ello. Es mejor algo cuyo único valor sea el potencial de compraventa y enriquecer a corto plazo sin demasiado esfuerzo. Solo debe asegurarse que lo vende por un precio mayor, independientemente de si existe un valor real. Todas estas burbujas tienen un elemento en común: la fábula de la lechera, la codicia alimentada por la promesa de un beneficio escalable a corto plazo.

Existe un paralelismo con la crisis inmobiliaria que ha desencadenado una burbuja de precios no acompañada de un incremento de valor. Eso ocurre cuando el valor de la obra degenera en una suerte de expectativa de beneficio futuro. Es decir: la obra no tiene demasiado valor ahora, pero sí tiene un potencial "valor futuro" (un valor cuantitativo, no cualitativo). Para que aumente su precio únicamente se debe esperar —si se es perezoso— o bien estimular la demanda del artista si se tienen buenos contactos y poder de influencia.

En el mercado del arte de las altas esferas el dinero fluye eufóricamente. Los precios están por las nubes y continuan subiendo exponencialmente, incentivando a los especuladores a seguir adquiriendo obras de arte por cantidades inmorales y revenderlas por una cantidad acaso más inmoral. Por supuesto esto ha ocasionado que surjan no pocos oportunistas carentes de talento para el arte, pero sí para los negocios. No voy a decir nombres (Damien Hirst) *¡Ouch!.


En el mercado especulativo la cualidad del arte es irrelevante, pues su verdadero valor es el potencial beneficio cuantitativo de la compraventa.

Lo peor de todo es que las subidas de precios arbitrarias y relegadas al azar parecen plausibles para el coleccionista especulador en cuanto existe un beneficio a corto plazo: «tanto se paga, tanto vale. No existe burbuja hasta que no estalla.» Casas de subastas y galerías especializadas de alto nivel terminan por convencer a los compradores que pagar una cantidad inmoral de dinero por una baratija es una ganga.