«Jamás aceptaría pertenecer a un club que admitiera como miembro a alguien como yo»

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Hay cierto tipo de coleccionistas que intentan comprar siempre al menor precio posible, forzando la devaluación del artista si es necesario. En cambio, cuando valoran su patrimonio artístico, intentan que la tasación sea lo más elevada e irreal posible. Parafraseando a Groucho Marx, este tipo de personas no desearían cruzarse con ellos mismos en su propio club. Afortunadamente la gran mayoría no son así.

Os explicaré mi experiencia.

Reconozco que he aceptado "ofertas" despreciables por obras que actualmente valen varias veces más lo que me pagaron por ellas. Entonces estaba en una situación económica límite y acepté lo que se me ofrecía y —como tantos— maldecí entre dientes mi miseria. Fue en ese momento cuando decidí que necesitaba aprender cómo funciona el mercado del arte para no dejarme humillar más por personas sin escrúpulos.

Bien, han pasado algunos años y os aseguro que no soy tan listo como para saber cómo funciona el mercado del arte. No estoy seguro que nadie lo sepa realmente. Sin embargo, algo he aprendido. Una de las cosas que más me ha beneficiado es saber diferenciar entre clientes y oportunistas.

Ahora cuando me encuentro con alguien que aspira a devaluar mi trabajo, sencillamente le digo: «esto no es un zoco, y usted no es un cliente.» Me ha costado mucho esfuerzo lograr esta claridad. Desgraciadamente, la mayoría de artistas no están en condiciones de renunciar a una venta, aunque con ello perjudiquen su profesionalidad y alimenten la codicia de los oportunistas. Nos ha pasado a todos.

Decir "NO" es una crueldad cuando padecemos problemas económicos. Sin embargo, este tipo de "clientes" suelen aparecer cuando saben que cuentan con la ventaja estratégica de la necesidad. Se huelen que el artista aceptará casi siempre una oferta vejatoria si con ello alcanza pagar el alquiler. Necesitamos reconocer quienes son dignos de ser nuestros clientes, y quienes no. Necesitamos un código ético que determine los límites de nuestra dignidad.

Personalmente desconfío de toda persona que evita hablar de dinero cuando solicitas un precio, y los artistas son muy dados al balbuceo cuando toca hablar de cifras, algo que los clientes interpretan como que algo raro está a punto de suceder. Te recomiendo que seas muy claro cuando hables de dinero, especialmente cuando te enfrentes a personas que intentan rebajar el precio de tu trabajo. No sucumbas al chantaje y mantén tu integridad. La mejor forma de evitar que devalúen tu obra es trabajar con precios estándar, y tener un criterio de aplicación de descuentos en base a variables tangibles, no en base a un mayor caradurismo.

En otra ocasión hablaremos de cómo poner precios y por qué es muy necesario trabajar con estándares de cotización.